FRAGMENTOS


 
 

 LA LLEGADA DE ESCORPIO DE ADBERG

 
El reino de Adberg estaba sumido en la más absoluta de las miserias, los últimos reyes de la estirpe de Adberg, corruptos y codiciosos, desmantelaron las riquezas del reino a su antojo y la sede de la familia real, el Castillo de la Aurora, fue convertido en un nido de ladrones y delincuentes de todo tipo. Pero el rey actual, Serkes de Adberg, por extraño que pareciese había sido provisto de un espíritu bondadoso y su primer y único objetivo fue sacar de esa situación de pobreza a su pueblo. Durante su largo reinado lo intentó con todas sus fuerzas, pero los años pasaban y no había resultado alguno, tantos esfuerzos y ningún acierto, todo se le volvió en contra. Tampoco tuvo suerte en lo personal pues habiéndose casado dos veces no tuvo heredero.

Ya anciano, con la delicada salud de un cuerpo consumido vio con tristeza que tras su desaparición la corrupta nobleza de Adberg, los que eran sus propios primos o hermanos, despedazarían el reino como lobos hambrientos y decidió que ya que sus esfuerzos no habían ayudado a su pueblo al menos sí evitaría esto.

                Así, y de forma inesperada, presentó a un heredero, su hijo Escorpio de Adberg,  fruto de una relación de hacía mucho tiempo con una mujer de rango menor, eligiendo así un heredero de origen bastardo. La nobleza se sintió ridiculizada por la preferencia de este innoble muchacho, pero nada pudieron hacer porque no tuvieron tiempo suficiente,  Serkes coronó a su hijo el mismo día que lo presentó al mundo, en tan solo unas horas lo puso en el trono, pero su cuerpo quedó agotado por el esfuerzo y  unos días después de hacerlo murió.

                El nuevo rey tenía un aspecto terrible, vestía siempre de estricto negro, no dejaba ver ni un centímetro de su piel y usaba un casco negro con forma de cabeza de jaguar que le tapaba por completo dejando solo al descubierto su rostro de nariz hacia abajo, incluso sus cabellos y sus ojos quedaban escondidos tras ese casco completamente opaco. Era frío y temperamental pero la nobleza no se dejó intimidar por el usurpador y pronto se organizaron para destronarlo, esperaban una personalidad frágil y simple como la de su padre, pero lo que se encontraron fue un ser sanguinario que esgrimía su espada, llamada Noviembre, como si fuera la prolongación de su brazo. Se encontraron con un guerrero magnífico y un enemigo cruel.

                Su primera orden en el trono fue que toda la nobleza fuese exterminada y se requisaran sus bienes para la corona, los nobles rieron ante su osadía pues poseedores de sus propios ejércitos no tenían temor a un ejército real corrupto hasta la médula que no sería leal al nuevo rey.

Pero sus cálculos fallaron pues el precio que Escorpio puso a la deserción fue el más alto de todos y   no tenía miedo a mancharse la ropa, el ejército real respondió y con su mano firme dirigiéndolo los nobles no tuvieron ninguna oportunidad, solo algunos afortunados lograron escapar traspasando las fronteras.

                Escorpio tomó con decisión las riendas de aquel reino que se tambaleaba y transcurridos algunos años la gente dejó de temer al desconocido, la abundancia fluyó en los mercados y el ejército creció hasta límites antes desconocidos por el simple  honor que suponía luchar bajo la bandera de Escorpio de Adberg. Pero aunque el pueblo cambió del terror a la admiración, más allá de las fronteras de Adberg el sentimiento que inspiraba era el miedo, tras quince años transcurridos el rey sin rostro había engendrado bajo su atenta mirada al ejército más poderoso y mejor preparado del mundo de los hombres, podría conseguir lo que quisiera y nadie podría hacerle frente.
 
 
 
FRAGMENTO EXTRAIDO DE LA SEGUNDA PARTE "EL HERRERO, EL MERCENARIO Y EL CENTINELA"
 

                Casandra admiraba a su madre, de ella había heredado su físico y su sensibilidad por las cosas que no se veían a simple vista, le había enseñado a escuchar a los espíritus pero también a los humanos, era una mujer de gran nobleza, firme en sus convicciones, una esposa respetuosa y una buena madre. No era cariñosa pero era fuerte como una roca y si tenías algún problema podías agarrarte a ella con toda la seguridad de que jamás te abandonaría. Era el modelo a seguir que había elegido desde la niñez y ahora contemplándola erguida sobre las murallas mirando el horizonte supo que no se había equivocado, ella era el pilar maestro del reino, recordó las palabras de Callén “haz caso a tu madre, ella es la que gobierna realmente Edelvalle”.

                -Madre, enséñame todo cuanto deba saber para sucederte llegado el caso.

Tirya sonrió.

              -Te lo enseñaré, pero antes quiero que aprendas algo igualmente importante, acompáñame.

                Bajaron de la muralla y la siguió hasta el campo de entrenamiento.

Una vez allí Tirya fue hacia uno de los almacenes, el que guardaba las cosas de Callén y tomó de un armario un carcaj lleno de flechas y un gran arco decorado con símbolos Virnaia.

                -Una mujer tiene que ser capaz de defender a los suyos y a si misma, toma este carcaj y este arco que mandé hacer para ti.

                Casandra obedeció, era la primera vez que tenía un arma en las manos. Tirya cogió del mismo armario otro arco para ella igual que el de su hija con sus propias flechas.

-Te enseñaré a disparar y a usar un cuchillo, empezaremos hoy mismo porque no tenemos mucho tiempo y quiero que estés lo más preparada posible para cuando se acerquen.

-Estoy en tus manos madre.

 


FRAGMENTO EXTRAIDO DE LA SEGUNDA PARTE "EL HERRERO, EL MERCENARIO Y EL CENTINELA"
 
Muy lejos de allí en el mar, frente a las costas de Dardelos, Menaia en su verdadera forma luchaba contra criaturas nunca antes vistas por ojos humanos. Tras ella toda la flota de la reina Shidania, docenas de barcos de guerra que apuntaban con sus grandes ballestas a la serpiente marina que se alzaba ante ellos. Menaia iba  a la cabeza, tenía que protegerlos pasase lo que pasase pues eran los últimos barcos.
La serpiente se irguió sobre el agua alzándose en toda su altura, era gigantesca, fue hacia los primeros barcos para destrozarlos con sus poderosas mandíbulas.
Menaia orientó sus manos a ella.
-¡Abrazo marino!
Una manga de agua tan alta como la serpiente se enfrentó a ella pero no pudo detenerla, la serpiente con su cola la partió en dos y luego se lanzó contra los barcos destrozando a muchos de ellos, los marinos saltaron en cuanto pudieron para salvar la vida, pronto aquel navío de guerra fue solo un montón de maderos flotando a la deriva.
                -¡Parálisis glacial!
Pero era inútil, otro de aquellos malditos escudos la envolvía.
Uno tras otro lanzó todos los ataques que pudo pero sin éxito y la serpiente fue destruyendo los navíos inmune tanto a ella como a las ballestas. Apenas quedaban algunos barcos. Menaia veía con dolor como los marineros caían y gritaban, consiguió salvar a algunos llevándolos a los maderos, la serpiente con su cuerpo creaba olas para ver como se hundían entre gritos y llantos.
                -¡Pagarás por esto!
La sacerdotisa tomó una decisión desesperada para salvar a los pocos que quedaban.
                -Que se haga en mí mi divina forma ¡la calma de Tedeum!
Se alzó sobre el agua en su forma etérea, el cuerpo cubierto de conchas, una melena tan larga que se fundía con el mar, era realmente increíble. Su voz retumbó en los acantilados al invocar el hechizo.
-No hay nada más hermoso que el arrullo del agua, ni pena más grande que su silencio, no hay presencia más fuerte que la de mi señor, ni voluntad más inquebrantable que la mía,  que fluya a través de mí tu grandeza, muestra tu poder, ¡congelación absoluta!
Bajo su figura el mar comenzó a congelarse en todas direcciones, los barcos quedaron atrapados pero también la serpiente, el hielo crujiente ascendió con rapidez por su cuerpo viscoso sin que el escudo protector pudiese impedirlo, la bestia se agitaba desesperada, sentía la mordedura del hielo entumecer su cuerpo, hasta que alcanzó su cabeza y quedó completamente congelada. Los marineros aplaudieron ante tal muestra de poder, pero Menaia había gastado la energía que le quedaba en aquella última carta, pasó de su forma divina a la verdadera y de esta a la humana y cayó inconsciente al suelo. Los marineros, que podían caminar sobre la superficie de hielo acudieron a ayudarla pero un nuevo rugido los hizo temblar, eran los dragones negros.
                Los sobrevolaron lanzando llamaradas que prendieron los barcos, los marineros corrían hasta la costa como podían, resbalándose en el hielo, ninguno sobrevivió a las llamas, Menaia fue recogida por uno de los dragones que se la llevó lejos de allí.